El Picasso de los Andes

Libro en homenaje a la obra de uno de los artistas cusqueños más trascendentes.

A lo largo de sus 228 páginas, “Mérida” ratifica la puesta en valor de la cultura cusqueña y peruana y compone un sentido homenaje a uno de sus artistas más representativos. Hudbay Perú auspició la producción e impresión de publicación en homenaje al artista cusqueño Edilberto Mérida (1927-2009), iniciativa impulsada por su autor el Comandante (r) de laPolicía Nacional del Perú, Hubert Mérida, hijo del artista.

Edilberto Mérida comenzó muy temprano a dar muestras de su afición por la actividad artesanal. Cuando era niño y bajo la tutela de un tío que esculpía madera construyó su primer juguete que a la vez fue su primera obra artesanal.

Era un carrito de madera que pintó “con los restos de pintura de unas viejas latas”.Deseoso de que su obra llegue al gran público, aprovecha de un Santurantikuy para, como él mismo dice “lanzarse al ruedo”, pero lo hizo con un estilo aún convencional e inexpresivo.

Según él mismo manifiesta, un día se cruzó con una campesina en la cuesta de San Blas retornando a su casa, en la que vio reflejado el destino adverso de muchos de sus congéneres que en el pasado prehispánico supieron forjar unode los más grandes imperios de América. Así fue surgiendo lo que denominó el “barro de protesta” con figuras humanas caricaturizadas de manera dramática donde se entremezclan el sufrimiento con la religiosidad. Según Mérida, fue su percepción de las desigualdades existentes lo que lo condujo a forjar sus imágenes con cuerpos desproporcionados.

merida-cusco

“Mérida” es un trabajo que recopila y reconoce la vida y obra del afamado artista, cumpliendo de esta manera la promesa que su autor le hizo en vida a su padre.

¿Quién es Mérida?

Edilberto Mérida nació enCusco, en 1927, en el barrio de San Cristóbal, cerca de San Blas. Sus primeros trabajos fueron en madera,pero llegó al barro de manera casual y cuando ya era un adulto.

Fue llamado para ser maestro del Politécnicode Cusco. Allí conoció el barro. En diversas entrevistas cuenta esta experiencia:“En este centro había un aula de cerámica. Un día entré y cogí el barro. ¡Fue un don! Me imaginé el rostro del indígena, sus manos y sus pies. Y empecé a hacer esculturas pequeñitas, de diez centímetros. Un día, el director las vio y se quedó admirado”.

Su estilo único y reconocible–de tipo expresionista, catalogado como “cerámica grotesca” o “barro de protesta”– brotó de manera natural. “Yo pensaba que mis obras daban un mensaje. Las expresiones de las caras mostraban lo que era el campesino. Y la belleza la daba en las manos y en los pies grandes”. Los indígenas,sin descuidar las imágenes religiosas, pasaron a ser sus personajes principales: “Mi obra denuncia el olvido del campesino, su desconsuelo y su abandono. Sus manos y pies inmensos representansu esfuerzo para salir del abandono y de la miseria porque, ninguneados por el país oficial y excluyente, nunca se dejaron vencer”.

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