Chumbivilcas, tierra fuerte

Nuestro país es inagotable en todo orden de cosas: geografía, climas, hábitats, historia, culturas vivas… Quizás a eso se deba que nuestro (des) conocimiento de la provincia cuzqueña de Chumbivilcas haya convertido a este nombre en una especie de lugar remoto, casi inexistente: “Eso debe estar por Chumbivilcas”. Es como decir la Luna, o el Polo Norte.

El aislamiento de Chumbivilcas sin duda es causa de muchos problemas para la provincia, como la distancia con el mercado, con los centros de poder, las dificultades para acceder a la educación; sin embargo, la paradoja está en que ese mismo apartamiento ha generado que una serie de elementos muy potentes de la cultura local sigan vivos y vigentes, componiendo un escenario que sin exageración, puede ser único en el Perú. El mejor ejemplo es el del personaje qorilazo, lazo de oro en castellano. Se trata de nuestro gaucho, nuestro charro, nuestro cow boy. Una figura que se escapó de la relación vertical y rígida entre hacendado y yanacona, gracias a que aprendió a manejar el caballo. Esto se dio porque durante la Colonia los arrieros de cuadrúpedos tucumanos —los más cotizados caballos y mulas de los Andes— se establecían por temporadas en Chumbivilcas en su tránsito hacia la costa, y fueron esos personajes quienes enseñaron al indígena a dominar el caballo, una actividad que la ley colonial tenía prohibida a los naturales. Con el tiempo el caballo tucimano muta genéticamente y surge el caballo repe, pequeño, muy fuerte, capaz de desafiar accidentes impensables si se piensa en el caballo occidental. El repe ya debería tener denominación de origen, pues solo está en Chumbivilcas.

El qorilazo surge como un ser independiente de todo poder, excelente jinete, charanguista como pocos, enamorado y secuestrador, también justiciero. Su vestimenta es inconfundible y se lleva hasta el día de hoy, sobre todo en todas las abundantes fiestas que se celebran en la provincia durante el año, en las que se despliegan las grandes aficiones chumbivilcanas: el toreo, las riñas de gallos, la equitación, el canto, el baile.

A unas horas de Velille, distrito de Chumbivilcas, se encuentra un lugar mágico llamado Alccavictoria. Se trata de un conjunto pre inca de piedras fálicas colocadas como para un culto, al frente de un templo católico pequeño pero de gran representación del barroco andino. Un rodal de puyas de Raimondi se añade al conjunto, que se completa con un paisaje abismal, el que aparece en la foto, tomada por Sergio Urday, en una de nuestras escapadas a este lugar donde el desafío existencial quita la respiración. Hay que ir a Chumbivilcas, tierra fuerte, y darle su tiempo a Alccavictoria, donde las energías se renuevan en medio del silencio y el canto de las aves andinas, agoreras algunas, otras emisarias de buenas nuevas.

Fuente: Fundación BBVA Continental 

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