Takanakuy: el culto al niño y la pelea perduran

Hermanos, nos encontramos a puerta de una nueva edición del Takanakuy. Esta es una de nuestras más queridas tradiciones pues refleja nuestra esencia, el espíritu bravo chumbivilcano.

Muchas personas y autoridades han criticado nuestra festividad denominándola violenta, sin embargo se trata de nuestra expresión cultural, de solucionar nuestros problemas con coraje.

Takanakuy es una  demostración pública de coraje, valentía y fortaleza física para alcanzar el status de Qorilazo; es una oportunidad para el logro de prestigio en el manejo de estos valores reconocidos por la sociedad.

La celebración del takanakuy ha cambiado en muchos aspectos pero mantiene su esencia dual entre el culto al Niño Dios y la lucha a puñetazos. En otros tiempos el karguyoq también entregaba la vestimenta a los intérpretes de wayliya, y hasta finales del siglo pasado las cantantes que acompañaban la fiesta se tapaban el rostro con una gran tela blanca y se ponían pedacitos de papel brillante como adorno en los sombreros. Sin embargo, esas prácticas ya han desaparecido.

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El karguyoc, encargado de la música durante la festividad

Hasta hoy, desde el 22 de diciembre empiezan los rituales que unen ambos aspectos de la celebración en Santo Tomás. Los primeros días están dedicados al culto colectivo al Niño Dios, donde se realizan a muy pequeña escala como el niñu chuwina, alegoría del Niño Dios jugando con ch’uchus o pequeñas semillas negras de la selva.

Antes, en la época de los grandes hacendados, se dice que los jóvenes mistis jugaban a pares y nones con los ch’uchus, a las afueras de Santo Tomás. Si bien el propósito inmediato era acumular más semillas develando las adivinanzas, la diversión se hallaba en que las chicas y muchachos se enamoraran en el camino.

 

Amigos celebrando la Huaylía de 23 de diciembre de 2014

Hermanos celebrando la wayliya

Eso ha cambiado. Pero dentro de los cambios, y el crecimiento urbano y demográfico, hasta ahora la gente sale el 24 de diciembre a un lugar denominado Belén Pata, en San Toto, el cual era un canchón en el que se daban los primeros conatos del takanakuy. Hoy, queda en un pasaje en plena ciudad, pero aún se dan algunas cuantas peleas por costumbre.

El 25 se baila por la ciudad en diferentes comparsas hasta arribar al moderno coso de toros donde lucharán los jóvenes cuerpo a cuerpo. Pero hace cincuenta o sesenta años era distinto. Los equipos de luchadores se reunían en la Plaza de Armas de Santo Tomás para ir midiéndose, y dando espectáculo al público. De pronto, uno de un bando decía a un contrincante, “A ver taruka , sal para mí”, a lo que el aludido le respondía, “Yo me mecho contigo”, y los “mandones” gritaban “Cancha, cancha” y se formaba un ruedo donde se desataba la pelea.

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Enfrentamiento en la Plaza de Toros

Los contrincantes son miembros de diferentes grupos que se escogen al tasarse unos con los otros: se acercan, se pechan y se estrechan la mano. Otros van dando vueltas por el ring buscando un rival hasta dar con algún voluntario de su categoría. Todos celebran enmascarados hasta el momento de la pelea. Cuando las cubiertas se quitan, aparecen las grandes sorpresas, íntimos amigos, hermanos, parientes. Si se hubieran reconocido antes de pelear, tendrían igual que haber continuado.

 

 

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