Toqto, la guerra de nuestros antepasados

Por entradas diferenciadas, la gente de ambos bandos va llegando —en masa— a pie, caballo, moto, combi, station wagon, camioneta, bus y camión. Toqto, al ras del cielo, está a 4200 msnm. Acá hoy se enfrentan decenas de hombres en una hondonada entre cerros. Se trata de una batalla ritual.

Es, en efecto, un enfrentamiento entre caneños y chumbivilcanos que mantienen una antigua rivalidad y que en otros tiempos protagonizaron sanguinarios encuentros que eran parte de sus existencias. Una batalla es ritual cuando se sigue realizando como una tradición en la que, si bien hay heridos y eventualmente muertos, “exorciza” la obligación de la guerra, siendo casi una representación simbólica (y por qué no, también lúdica) que suplanta a la original. Es como una maqueta de algo que en verdad no se va a construir.

La mayoría de peleadores de Chumbivilcas son jóvenes varones que vienen de las comunidades de Wanako, Aucho, Q’ewincha, todas en el distrito de Livitaca. Los tradicionales contrincantes de Canas provienen generalmente de Cheq’a y Q’ewe. Cada año, se concretan tres enfrentamientos en Toqto: el 8 de diciembre, en Año Nuevo y durante la festividad de Compadres (con fecha variable en febrero). En cambio, en Chiaraje, Canas, se dan otras luchas en fechas distintas y solo entre caneños.

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¿Cuál es el origen de una tradición tan arraigada como la de estas batallas? La antropología les ha dedicado tiempo y cerebro, pero no se tiene aún una versión del todo confirmada. Según la investigadora Vicentina Galiano: “Livitaca está entre los límites del Condesuyo y Qollasuyo […]. La pelea de Tocto se da entre comunidades de Livitaca (Condesuyo) y las comunidades de Canas (Collasuyo) por reconocimiento de sus linderos” . Así, la conocida rivalidad de límites entre los k’anas y los ch’umpiwillkas habría conllevado a luchas por dominio geopolítico y simbólico.

A ello se podría sumar la hipótesis que se trataba de culturas que se disputaban la voluntad de la naturaleza. El corazón de la contienda se ha protagonizado desde larga data en Quchapata, lugar vinculado al agua. En esta línea, el antropólogo Héctor Espinoza sostiene que la abundancia de lluvias se le aseguraba al bando ganador: “la pelea era por el fenómeno atmosférico”.

Otra versión adoptada por los propios participantes de las batallas es que estas fueron una manera de prepararse bélica y mentalmente en los años previos a la rebelión de Túpac Amaru II; aprendizaje que les sirvió para alzarse contra los españoles y tratar de subvertir el orden colonial. Pero si se pregunta por qué lo hace a un joven qorilazo audaz, cargado de adrenalina, que va a pelear, la respuesta será, “Solo seguimos las huellas de nuestros antepasados”. El cómo y el por qué son irrelevantes; se asumen naturalmente como un deber ancestral.

Extraido del libro “Lazos de Oro”

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